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lunes, 25 de febrero de 2013


3) que a pesar de su carácter espectacular, o quizá debido a su calculado efecto, el 1Dmx y la generalización del dispositivo de seguridad, pasado a la ofensiva por los lugares emblemáticos de la ciudad, es una excepción que constituye la norma vigente. Como otras veces (Atenco), los eventos de 2012 muestran que la excepcionalidad del dispositivo de seguridad es su verdadera naturaleza. Hoy, como en tiempos de Walter Benjamin, el estado de excepción ha devenido la regla. Y sin embargo, las acciones de protesta reprodujeron –paradójicamente e inquietantemente- el imaginario mediático y conservador del tipo de acciones que, supuestamente, deben tener lugar siempre que acontecen insurrecciones populares; las cuales “atentan contra la paz y el orden” del consumidor promedio y la circulación de las mercancías. Unos y otros dieron asilo, en sus cuerpos y conductas, al fantasma deseado, quizá, por la propia sociedad del espectáculo contra la que creyeron enfrentarse –mostrando que forman parte de ella, obedecen a su lógica y son una pieza más de su acumulación de espectáculos, a igual título que las telenovelas y los programas de deportes. Sin desearlo, o quizá deseándolo con inconsciente intensidad, quienes optaron por las “acciones contundentes” satisficieron la pulsión informático-espectacular que ha dotado la imaginación de las insurrecciones masivas –de carácter cuasi tribal- por años. De ahí que fortalecieran la normatividad del espectáculo sin trastocarla.

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