3) que a pesar
de su carácter espectacular, o quizá
debido a su calculado efecto, el 1Dmx y la generalización del dispositivo de seguridad, pasado a la
ofensiva por los lugares emblemáticos de la ciudad, es una excepción que constituye la norma vigente. Como otras veces (Atenco),
los eventos de 2012 muestran que la excepcionalidad
del dispositivo de seguridad es su verdadera
naturaleza. Hoy, como en tiempos de Walter Benjamin, el estado de excepción
ha devenido la regla. Y sin embargo, las acciones de protesta reprodujeron –paradójicamente
e inquietantemente- el imaginario mediático y conservador del tipo de acciones
que, supuestamente, deben tener lugar siempre que acontecen insurrecciones
populares; las cuales “atentan contra la paz y el orden” del consumidor promedio
y la circulación de las mercancías. Unos y otros dieron asilo, en sus cuerpos y
conductas, al fantasma deseado,
quizá, por la propia sociedad del
espectáculo contra la que creyeron enfrentarse –mostrando que forman parte
de ella, obedecen a su lógica y son una pieza más de su acumulación de
espectáculos, a igual título que las telenovelas y los programas de deportes.
Sin desearlo, o quizá deseándolo con inconsciente intensidad, quienes optaron
por las “acciones contundentes” satisficieron la pulsión
informático-espectacular que ha dotado la imaginación de las insurrecciones
masivas –de carácter cuasi tribal- por años. De ahí que fortalecieran la normatividad
del espectáculo sin trastocarla.
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